Cartografiado geológico de un abanico aluvial y sus implicancias en la actividad antrópica

 

Por: Luis Ayala / l.ayala@explorock.com

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El mapeo de los depósitos sedimentarios que se acumulan en laderas es un proceso relativamente sencillo al momento de trabajar con imágenes aéreas o de satélite. No obstante, se debe tener en cuenta que no todos los detritos en áreas topográficas de erosión permanente presentan características uniformes. En el caso de un abanico aluvial, el desarrollo clástico desde su ápice hasta su parte inferior se manifiesta por medio de diversos tipos de facies sedimentarias. Idealmente, se tendrían facies de debris flow (flujo de detritos), sheet-flood deposits (depósitos en hojas), stream channels (canales de corriente) y sieve deposits (depósitos tamizados) que en su mayoría están representados por gravas y material lodoso. Por el contrario, y como sucede en muchas ocasiones, parte de tales elementos suelen estar ausentes en la naturaleza como resultado de la complejidad y aleatoriedad de los procesos sedimentarios. Los que a su vez, pueden estar asociados a factores climáticos y/o tectónicos. Debido a estos aspectos, es importante entender que durante la observación de las facies típicas de un abanico aluvial el cartografiado geológico de cada parte del mismo está compartimentalizado. Y que por ende, poseen propiedades morfológicas distintas que al trabajarlas a una escala local permiten apreciar la evolución lateral de sus facies y su impacto geodinámico en, por ejemplo, la construcción de obras civiles.

Un caso práctico se observa en la localidad de Maramara, localizada hacia el noreste de la ciudad de Lima (Perú), donde se aprecia un abanico aluvial de forma alargada y lobular (Fig. 1) que yace sobre las rocas intrusivas del Batolito de la Costa. Comprende desde su ápice hasta su base; un sector superior, medio e inferior (Fig. 2). Los cuales están compuestos por una intercalación de algunas de las facies anteriormente mencionadas (Fig. 3).

Figura 1. Detritos acumulados a lo largo de la ladera alta de la localidad de Maramara.

Figura 2. Distribución superior, media e inferior del abanico aluvial observado en la figura 1.

Figura 3. A la izquierda, se observa una intercalación de debris flow y sieve deposits en niveles granodecrecientes correspondientes a la transición del abanico inferior e intermedio. A la derecha, se muestra el detalle de las sucesiones masivas de debris flow.

La parte inferior, que comprende la base del abanico cerca del valle principal del río Chillón tiene una amplitud lateral variable y puede alcanzar los 800m formando acantilados de hasta 100m de altura. Está constituida principalmente por depósitos de debris flow de cantos y bloques subredondeados a redondeados en una matriz lodosa; y que vistos en lejanía poseen incipiente estratificación (Fig. 4). Asimismo, lateralmente y hacia la parte intermedia se observa una predominancia de sieve deposits compuestos por guijarros y cantos bien estratificados (Fig. 5). Mientras que la parte superior presenta afloramientos de debris flow con bloques de hasta 10m de diámetro.

Figura 4. Distribución no uniforme y poco clasificada de cantos y bloques en una matriz lodosa que es típica de facies de debris flow (flujo de detritos).

Figura 5. Guijarros y cantos en un arreglo perteneciente a facies de sieve deposits (depósitos tamizados).

A partir de esta información es posible inferir una génesis y un factor de riesgo aproximados que son inherentes a la presencia de las facies descritas. Si se toma en cuenta la morfología del abanico, el poco retrabajo de los detritos y la falta de facies acanaladas (stream channels) se tiene que el transporte de sedimentos es relativamente corto y rápido. Además, la ausencia de una falla activa y la falta de evidencia sintectónica tal como fallas sinsedimentarias al interior de éstos sugieren que la sedimentación estuvo influenciada por un proceso de alcance local debido a un evento climático. Considerando que los fenómenos que dan lugar a este tipo de depósitos sedimentarios no tienen mucha antigüedad a razón de que por ejemplo, la geodinámica cuaternaria ha sido y es en cierta manera recurrente en el presente. Entonces, estos procesos geológicos no deben estar muy separados en tiempo. Siendo, de algún modo, puntuales y también susceptibles a ocurrir en cualquier momento por fuerte pluviosidad en alta montaña  o por retransporte a expensas de la sismicidad actual.

Es de suma importancia notar que no todas las zonas de quebrada representan sitios adecuados donde llevar a cabo labores de construcción y vivienda. Sobre todo en lugares donde el suelo está conformado por la parte más superficial de depósitos similares a los descritos. Donde también se pueden hallar bloques de hasta 4 a 5m de diámetro por desprendimiento de rocas hacia la llanura baja del abanico. De esta manera, se observa que el cartografiado geológico llevado de la mano con la identificación sedimentológica es aplicable para la valoración cualitativa de áreas geográficas orientada a la prevención de desastres naturales. Por lo que previamente a la construcción de obras rurales de ingeniería es necesario contar con la geología base a escala local (P.ej. 1/10,000 o 1/5,000) que compruebe de forma objetiva el alcance de peligrosidad de los depósitos sedimentarios recientes.

 

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