Sucesiones volcanoclásticas y volcanogénicas: Diferencias e implicancias

 

Por: Luis Ayala / l.ayala@explorock.com

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Los procesos volcánicos dan lugar a la distribución-apilamiento-asentamiento de piroclastos como resultado del emplazamiento del magma en los distintos niveles de la corteza terrestre. Así, en la naturaleza es posible hallar una gran variedad de productos volcánicos cuyas características macroscópicas tanto a escala de afloramiento como en muestra de mano son indicadores de cómo se formaron. Debido a la complejidad que involucran los procesos de geodinámica tales productos no se encuentran aislados. De forma que es más asequible toparse con una sucesión volcánica que esté compuesta por ignimbritas, brechas, y bloques y cenizas; que con otra que sólo contenga uno de dichos componentes. Por otro lado, durante o después de que los productos volcánicos se han emitido desde una fuente magmática, son susceptibles a retransportarse. Este último proceso implica su “retrabajo” a partir de sistemas sedimentarios que los distribuyen cerca o lejos de la fuente de emisión, ya sea por medio de lagunas y/o ríos. De modo que ya no podrían ser tipificadas como sucesiones de origen volcánico, por lo que se les conoce como sucesiones volcanogénicas. Es así, que se obtienen sucesiones volcanoclásticas y volcanogénicas. Donde es importante tomar en cuenta que los procesos de retransporte al igual que los magmáticos no dependen en únicamente de la mera morfología del terreno y que también están asociados a los movimientos tectónicos que ocurren a lo largo del tiempo geológico en la parte superior de la corteza terrestre.

Las sucesiones volcanoclásticas (Fig. 1) por el grado de unión de sus constituyentes pueden ser piroclastos soldados (Fig. 2). Tal como sucede con los flujos lávicos de estructura bandeada presentes en domos dacíticos o a bloques y cenizas que se acumulan en las proximidades de centros volcánicos; y no soldados, siendo las ignimbritas (tobas o tufos) las más comunes (Fig. 3) cuya matriz cinerítica contiene fragmentos líticos que están representados por la composición del aparato volcánico que los expulsó. Por lo general, ambos conjuntos sobreyacen a basamentos plegados o a sucesiones volcánicas más antiguas; así como rellenan topografías a través de quebradas o valles, haciendo que su extensión sea más restringida.

Figura 1. Afloramiento volcanoclástico de ignimbritas.

Figura 2. Ignimbrita soldada con laminaciones por bandeamiento de flujo.

Figura 3. Ignimbrita no soldada compuesta por fragmentos líticos y clastos de pómez blanquecinas.

Las sucesiones volcanogénicas, como se había mencionado, representan el retrabajo sedimentario de los volcanoclásticos. Es muy frecuente encontrarlos como detritos de gravas/arenas que exhiben estructuras sedimentarias (Fig. 4). Aunque también, los depósitos volcanoclásticos pueden presentarlas dando la apariencia de depósitos retrabajados. Una buena manera de una sucesión de otra es identificando la asociación litológica del afloramiento observado por medio de la caracterización de facies sedimentarias. En este aspecto es de gran ayuda la presencia de canales de gravas, arenas laminadas y arcillas con grietas de desecación dispuestas en arreglos granodecrecientes (Fig. 5). Si bien la estratificación cruzada es propia de ambos tipos de depósitos. Otros detalles a tomar en cuenta sobre las sucesiones volcanogénicas (P. ej. De origen fluvial) es que sus sedimentos comprenden gravas de gránulos, guijarros y/o cantos bien seleccionados en una fábrica clasto-soportada que pasan transicionalmente hacia el tope a arenas con laminación acanalada, inclinada u horizontal (Fig. 6).

Figura 4. Afloramiento de gravas y arenas volcanogénicas en el que se observan estructuras sedimentarias bien marcadas (laminaciones horizontales e inclinadas).

Figura 5. Intercalación de guijarros, gránulos y areniscas de grano grueso. En la parte inferior de la imagen se observan pequeñas laminaciones acanaladas. En el tope (cerca de la punta del lápiz) se aprecian arcillas agrietadas por desecación.

Figura 6. Estratificación cruzada en gravas de cantos/guijarros y arenas de grano muy grueso. Las arenas laminadas son una expresión de la sedimentación en un sistema fluvial. La parte superior de la imagen corresponde a un canal de gravas subredondeadas.

Lo más resaltante de ambas sucesiones es que pueden coexistir dentro de un mismo registro estratigráfico, tal es el caso de las cuencas sedimentarias de cadenas montañosas en márgenes activas (P. ej. Los Andes). Aquí, el intemperismo les confiere una apariencia que observada a primera vista es similar. Empero, el levantamiento a detalle de sus sucesiones corroboran las características físicas explicadas en los párrafos anteriores. Desde luego, estas observaciones implican el sincronismo de la dinámica fluvial/lacustre de cuenca y el magmatismo activo en la región intramontaña, que al estar en un contexto de margen activa su interrelación no es completamente pasiva sobre el basamento de la cuenca. De manera que la tectónica controló el emplazamiento del magma al igual que al modelamiento topográfico de los relieves, lo que en última instancia dió lugar a la generación de nuevo sedimento listo a ser retransportado.

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